jueves, 3 de febrero de 2011

some things about some things.

Pequeños relatos de una pequeña hormiga.

La industria cinematográfica hollywoodense forma militares y policías en los países periféricos, para recordar aquella vieja teoría económica acerca de los países con economías centrales (UE, Japón Y EEUU) y los de economía periférica (el resto del mundo).

La acción, las armas, el poli duro que pierde a la familia y se entrega al whisky. Que repite bromas gastadas y utiliza métodos un poco violentos en el barrio latino. Alguien dijo: “vigilante" se nace y bueno, seguramente algo de verdad hay en eso , por algo muchos niños se sentían mejor en el rol de polis cuando jugaban al “chori poli”, pero siempre digo en cuanta ocasión se me permite , que Los Estados Unidos forman a sus soldados mundiales a través de la industria cinematográfica. Imagínense esto.

Vivo en un barrio de mierda con calles de tierra, en la esquina fuman porro y toman cerveza, tienen los ojos rojos y después salen a robar. Todos saben en el barrio quienes son , pero en el barrio no roban porque tienen códigos o algo así. Mi madre les tiene asco porque son “negros” y todo lo que piensa mamá es sagrado, ella quiere que su hijo sea alguien en la vida y no un sorete como esos negros que no sirven para mierda.
Termino el secundario a duras penas, porque en realidad estudiar no es para “los del barrio” entonces veo las noticias, las verdades sanctas del cuarto poder. Hay inflación, cada vez más choreo, salgo a la vereda y un hombre transformado en orangután que viaja en bicicleta a la hora de la siesta en verano y que es albañil me muestra el destino como una bola de cristal.
 El sábado vi una película en la que el policía recibía un ascenso por matar un montón de mexicanos que tomaban tequila y fumaban marihuana en una esquina,  en San Diego, era un ex marine con la cara curtida, sabía un poco de Kung Fu y de “español”: “¿What do you say?, ¿que dijistes puto?”, pero hay un problema que quizás no tiene solución y creo que ahí esta, pues, la cuestión de todo este asunto. El duro de la película tiene ojos celestes y es un blanco racista del ku kux clan. JAZZ.

Viajes.

Es preferible escuchar el disco preferido de un hombre al que aún no conocemos que su historia personal.

Tao.

Recuerdo cuando descubrí el tao. Caminaba despacio con la camisa desprendida, la barba crecida y las manos entrelazadas en la espalda. Una sonrisa y la comprensión o quizás la paz necesaria para comprender que no había realidad por comprender. Tocaba música para ganarme la vida en los alrededores del mercado norte, por la mañana, entre aprendizajes mentales que se daban en la más absoluta oscuridad. Leía acerca del sabio y de ser uno con el camino antes de salir desde barrio observatorio y a los cuarenta minutos estaba poniéndolo en práctica. Tieso frente a cincuenta ojos que comían con la boca abierta, con mi charango en una mano y la zampoña en la otra comprendía el dolor de la soledad, y cuando comenzaba a tocar y a sentirme como pez e el agua comprendía lo grandioso de la libertad.


No importa el disco. Lo que importa es al lugar donde te transporto alguna vez.

Camino por la interminable feria de la víbora negra. El día es gris, domingo por la tarde, caen gotas microscópicas. Con ganas de experimentar salgo del hotel, enciendo una vareta y llego donde la víbora, en el barrio la loma.

Una feria interminable de ropas, películas, hierbas para la impotencia del caballero y para la frigidez de la dama, comidas, artículos de ferreterías y objetos usados del servicio militar, no hay mucho para ver, todo se repite.

Tengo los ojos quebrados. Alguien tiene un collar de flores de colores y esta borracho, el aire huele a palo santo, tengo algunos bolivianos en el bolsillo para mi cena, unas zapatillas cómodas. La soledad es grande, un saco blanco y a veces creo que estoy en México. En un puesto donde se venden grandes grabadores, el vendedor le muestra la calidad de sonido y el volumen de un súper Sony a otro tipo que parece tener el dinero, con un disco de Pink Floid, es increíble pero esto me quedara grabado en la retina para siempre, THE DIVISION BELL, estallando tan lejos de casa, y entonces como por arte de brujería todo comienza a soldarse despacito, a encajar y se porque estoy Bolivia y cual es el objetivo del viaje: “Wath do you want from me”.

La maestra de Psicología también se enojo cuando en el trabajo práctico acerca del acontecimiento más importante de tu vida puse: “escuchar el triunfo del acero de Manowar”.



Quizás este enfermo pero se que no soy el único y además se que cada uno de ustedes tiene su vicio, como el de la avenida Paraguay en Posadas, Misiones, adonde a José le gustaba acabarse a un travesti. Pero esa es otra historia.


La falacia de la Democratización de las tecnologías. doc.

Por la noche tuve una idea. Una hormiga tuvo una idea. Por la mañana se calienta el agua para el mate y tengo ganas de escribirla. Enciendo la computadora. Bienvenido dice el monitor, al mundo privado de MICROSOFT.


Oriental.

Ahora bien…, el mundo gira, los ciclos transcurren, el planeta se destruye cada día más, algunas hormigas sueñan con ser, hablan, piensan, mueven sus antenas. El poeta bebe vino casi todas las noches y mira el cielo, las estrellas. Ha hecho un gran descubrimiento, unos fabulosos tapones para los oídos.

Chicas neo hippies.
Tenía una novia tan naturista que le gustaba hablar de los soretes que se largaba.

El Cabeza de Manzana.

El cabeza se sienta cuando cae el sol en un bar de viejos. Rancio, como vino picado, con olor a chivo, de esos bares en donde los tipos tienen los ojos de color sepia como el cuadro de un equipo de futbol que alguna vez fue campeón. El televisor, pasa crónica, un programa de chimentos donde se burlan de la gente a nivel nacional, una verdadera vergüenza.

El cabeza de manzana se clava un trago de tinto con soda. Con el correr del tiempo y la sangre de Jesús por las venas, su nariz se ha ido corrompiendo y derivo en algo sorprendente. Ahora cuando lo veo no puedo menos que mirar u observar atentamente lo que acontece, es decir la transmutación que sufrió en el mejor de los casos esa extremidad de su rostro. Con venitas azules que la engarzan como a un camote, con gigantescos cráteres producidos por barros que un día se canso de apretar, sus ojos pequeños de pescado de aguas barrosas contrastan al lado de esa nariz. Quizás paga algún precio de esta manera. Interminables horas de quietud y conformismo en un bar de mierda es el karma, su nariz es el karma de tantas horas rascandose los huevos y el mundo ahí girando.

Utopía.

Cuando iba a la universidad quería hacer sentadas y digo quería porque en el pueblo donde nací llevar adelante esta tarea era algo impensable debido al alto nivel de mortandad que ha alcanzado a las mayoría de sus habitantes.

Los platos rotos.

Yo tenía una novia que después de hacer el amor se rezaba una hilera de padres nuestros arrodillada al lado de la cama. Todo esto le daba una sensación muy especial al principio, a pecado y a señorita de buena sociedad educada en el temor a Jehová. Sin embargo, la repetición y la convicción de la pecadora en la oscuridad tomaban un relieve infernal y algo oscuro que era preciso cortar con quitarme a la calle a buscar un “drink” para contrarrestar el hechizo católico que al final hubiera terminado involucrándome quiera o no debido a mi paso como infante por esta institución obligatoriamente .

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