Esto dice en las paredes de esta puta ciudad.
Para Chaleco que una mañana me invito a comer fideos con la mano en una plaza y era lo único que tenía.
Para mi padre biológico que me hizo escuchar vangelis a los doce años y dormía adentro de una pirámide de metal con un cuarzo cristal en la punta.
Para el rastaman de Santa Cruz de la sierra que parchaba en una vereda cualquiera y la gente le colaboraba como si fuera un santo milagroso y después me invitaba a tomar unas chelas al mercado las Alasitas.
Para Guayacol que recorrió desde Guayaquil hasta Uruguay con una frazada y un Djembé para tomar “algunos talleres de candombe”.
Para que afinen los eunucos.
Cuando siento que soy libre, cuando recuerdo que la libertad esta dentro de la cabeza y no afuera, no puedo menos que caminar a paso veloz y aspirar el aire de la mañana, la espalda recta y el pecho paralelo con el mentón, entonces sonrío y a los códigos sociales que se enmarañan a la altura de los ojos, los corto como a viejas telarañas. Las viejas que barren la vereda y los policías se dan cuenta, unos usan la lengua y otros el palo, se que se vuelven locos, entonces es ahí , justo ahí que empiezo a cantar como un hijoeputa.
Cultura global.
Si estuviera en algún país de oriente estaría en algún bar fumando hash después de una larga jornada laboral. Si hubiera nacido en Bolivia estaría embotándome la cabeza con chicha de maíz como todos esos papachos que estrellan sus vasos en brindis infinitos. Si hubiera nacido en Ámsterdam… estaría buscando los mismos efectos que hoy estamos buscando con el Malbec de San Juan, este montón innumerable de argentinos.

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