Los viejos copleros cantan embriagados de alegria porque es carnaval, aun es de tarde y hay un rico vino en la mesa, lanzan piropos a las copleras y ellas contestan con picardia. Todos bailan al compas de la caja y hay muchos colores y danzas en trencito. El viejo esta sentadito. Alguien le lleva un poco de coca, le sirve vinito cuando el vaso se seca y también le alcanzaron una bandeja con pollo asado que el guarda timidamente en una bolsita de mandados que tiene entre sus piernas. Mañana se entierra el diablo, arriba, lejos. El no baila, el ya bailo en muchos carnavales, solo bailan sus pupilas, ha logrado un estado inalcanzable.
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